Costaleros y Nazarenos, dos formas distintas de expresar un mismo sentimiento. El Amor a Cristo. 

Sobre el mundo de la costalería se ha escrito mucho y en todos los sentidos. Hay quien dice que debajo de de un pasos se vive y siente la Semana Santa de una forma distinta, que llevar la molia o costal, lleva implícito el sentir la Pasión de manera diferente del que viste la túnica nazarena. Se dice, igualmente, que existe una camaradería especial entre los miembros de las cuadrillas y los capataces, hermanados por el sudor y el sufrimiento en las trabajaderas y que éstos sentimientos no son compartidos de la misma forma por los nazarenos que participan en las filas de la cofradía. ¿Qué hay de cierto en esto?. ¿Hay diferencias entre la estación de penitencia del costalero y del nazareno?. ¿Se ha mitificado en demasía la figura del costalero?.

 

 

 

 

Estas y otras preguntas no son nada fáciles de contestar. Algunos de los que solo han  estado debajo de un paso, seguramente tienen una visión distinta de los que visten la túnica nazarena de su hermandad, yo he tenido la fortuna de vivir y sentir nuestra Semana Santa tanto en la trabajadera  como de nazareno, y no creo que se deban hacer comparaciones, son distintas formas de conmemorar la pasión de Cristo, pero el sentimiento es solo uno, el amor a Cristo y su Santísima Madre, al menos para mi así los es. Por tanto creo que puedo opinar sobre el tema con cierta objetividad.


Mi experiencia personal como costalero fue más que positiva. Como ya he referido fui  costalero durante varios años, aunque en una época muy distinta a esta, pero no menos enriquecedora, yo tuve la “fortuna” de cargar con aquellas cuadrillas de “profesionales”, igualmente forme parte de aquellas cuadrillas de “hermanos”, que por primera vez sacaban los pasos por devoción, aunque no es menos cierto que otros lo hacían por “afición”.

Durante esa época,  tuve la fortuna de vivir experiencias inolvidables y algunas otras menos agradables pero no menos didácticas, al menos para saber que cosas no se deben hacer bajo un paso. Nunca olvidaré el primer año, aquella madrugada en la que tras hablar con el capataz,  me dirijo a un costalero que se encontraba casi aparatado de los demás, su rostro reflejaba el cansancio de toda una semana de duro trabajo debajo de las trabajaderas, le pedí que me dejase su molia, cosa a la que accedió gustosa y  agradecidamente, mientras me vaticinaba lo poco que le quedaba de vida a las cuadrillas de “profesionales”, con algo de timidez, me acerque al resto de costaleros veteranos y a otros que como yo iban de promesa, observe cómo se colocaban la molia, a la vez que se contaban anécdotas y vivencias de años anteriores, mientras el capataz recomponía la cuadrilla con los diez o doce que íbamos de promesa y nos daba unas instrucciones,  así llego la primera salida y los primeros sufrimientos debajo de un paso y la satisfacción del compromiso cumplido, pero esos años no tuvieron nada que ver con  el que por primera vez formamos la cuadrilla solo con “hermanos”, ese año además de disfrutar por llevar a Cristo sobre mis hombros, pude también disfrutar de una verdadera estación de penitencia, todo bajo el paso era orden, respeto, silencio y sobre todo trabajo honesto, el agua que nos daba el aguador en aquellas garras de lata aliviaban  la sed como nunca, el calor era menos intenso y húmedo que en años anteriores y sin necesidad de levantar los faldones del paso para buscar aire fresco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por todo esto, mi opinión sobre los “hermanos” costaleros no puede ser más que positiva. Sin embargo, tengo que decir que no todo lo que rodea al mundo de la Costalería es de color rosa, desde hace unos años, es decir , desde que hay relevos, vengo observando costaleros que parecen estar más interesados en el lucimiento personal que en el compromiso adquirido con su hermandad, olvidándose   de que van realizando estación de penitencia y por tanto formando parte del cortejo, la gran mayoría cumple con su obligación de forma digna, pero existe una minoría que no lo hace y le dan mala fama a los demás. Es la propia hermandad quien debe vigilar por ello y es el capataz el más cercano a la cuadrilla y el que debe encargarse del cumplimiento de las normas, bien directamente o a través de los contraguías o delegado o fiscal de costaleros.
Pero mi punto de vista general del panorama costaleril es positivo. Es por ello por lo que cuando llega el Martes Santo, recorre mi cuerpo una extraña sensación de añoranza que quedan más que mitigada por el calor que me proporciona mi blanca túnica del Amor, túnica que me hace vivir sensaciones y emociones que no viví bajo la trabajadera, a la vez que me ayuda reflexionar y profundizar en mis sentimientos cristianos, haciéndome ver lo mucho que tengo que hacer y mejorar para ser un digno seguidor de nuestro Señor Jesucristo.

Juan Verdugo Bermejo, hermano en el Amor.

 

 

 

 

 

 

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