Desde hace tiempo, sentía la necesidad de contar las experiencias vividas en tantos Martes Santo en mi hermandad del Amor. Pero a los que no somos duchos en las letras, nos cuesta mucho decidirnos, quizás por temor a no saber expresar con meridiana claridad las sensaciones, emociones y demás sentimientos, que hacen que sin ni siquiera darte cuenta, en un momento dado, al contemplar a tus Titulares, al ver una levantá, la mecida de un paso, al oír una marcha o una saeta se te encoja el estómago, se te ponga la piel de gallina, se te haga un nudo en la garganta o que tus ojos empiecen a ponerse brillantes, hasta el punto a veces de que por tus mejillas corran las lagrimas sin ni que si quiera te hallas dado cuenta. Y si ahora me he decidido a hacerlo posiblemente sea, por nunca como ahora, al menos en lo que yo he conocido, se nos ha atacado tanto a los católicos y a los cofrades en particular. Por eso ahora quiero decir a los cuatro vientos y a esos que no tienen la suerte de amar a Cristo y a su santísima madre y que además dicen que nuestra Semana Santa, es tan solo una anacrónica, impuesta y monótona manifestación folclórico-cultural, que año tras año siempre es igual, y que por eso, entre otras cosas ¿no les gusta la Semana Santa?, lo mucho que se pierden y lo que ellos nunca tendrán la suerte de sentir. Yo creo que de los muchos calificativos que se le pueden aplicar a nuestra Semana Santa, ninguno de los referidos anteriormente se ajusta a la realidad, y menos aún los de impuesta y monótona, al menos para mí, y me atrevo a decir que para ninguno de los cofrades entre los que a mucho orgullo me cuento.
Como a la mayoría de los de mi edad, los que rondamos el medio siglo por arriba o por abajo, podemos decir que es cierto, que desde niño nos toco vivir una religión “impuesta oficialmente”, pero no por eso menos querida, sentida, respetada y aceptada libremente. ¿Quién nos obligaba a ir a ver a cada una de nuestras cofradías cuando salían en procesión?, ¿quien nos dijo que vistiéramos el habito de nazareno de esta o aquella hermandad?, ¿quién nos obligó a meternos bajo un paso?, ¡nadie!, se hacia por sentimiento, por amor o apego a unas imágenes, también es cierto que muchos lo hacían por novedad, por probar, pero no es menos cierto que muchos de estos aún siguen en esas hermandades y buen número de ellos rigiéndolas y ejerciendo de buenos cristianos. Lo cierto es que tanto unos como otros lo hacíamos libremente, y al menos que yo sepa a ninguno nos parecía monótona, todos los años eran diferentes, siempre había algo nuevo y año tras año seguíamos sintiendo el pellizco en las entrañas.
Es cierto que algunas veces, para valorar las cosas en su justa medida, hay que dejar de tenerlas, yo siempre he amado a nuestra Semana Santa, pero cuando por motivos laborales, tengo que estar varios años fuera de Jerez, es cuando me doy cuenta de que no solo la amaba, si no que además la necesitaba, como algo vital. Los que como yo han vivido el “destierro”, saben bien de lo mucho que se añoran nuestra cosas, pero lo que yo más añoraba en esos años era ¡mi Semana Santa!, ¡nuestra bendita Semana Santa!.

 

 

 

 

 

 

Cofrade gracia a Dios y a la Hdad del Amor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es a partir del año 1983 cuando de nuevo tengo la suerte de volver a vivir nuestra Semana Mayor, pero en verdad que nunca me pude imaginar las muchas alegrías y los muchos y nuevos sentimientos que esta me haría vivir y sentir.
Fué ese año, cuando viví el primer Martes Santo con mi hermandad del Amor, entonces yo aún no pertenecía a ella, aunque si toda mi familia y a la que llegue por que mi hijo mayor que por entonces tenia 9 años, quería salir de "penitente" y la casualidad o la afinidad familiar nos llevo a la Hermandad del Amor, donde se nos trato y acogió con gran exquisitez y cariño. No me cabe la menor duda de que este fué uno de los motivos de que hoy en día mi mujer, mis hijos y yo pertenezcamos a esta gran hermandad. Aquel martes, mientras ayudaba a mi hijo a ponerse por primera vez su blanco hábito del Amor, empecé a sentir algo muy especial dentro de mí, no tenia claro si era algo que me devolvía a mi infancia, o si era algo nuevo que nacía dentro mí, pero lo cierto es que algo se removió en mi entrañas, y así siguió siendo todo el día y durante todo el recorrido hasta la recogida en la Catedral, ¡un día pleno de emociones!, seguía sin conocer la monotonía. En el siguiente año, se incorpora a la hermandad y al cortejo de nazarenos mi segundo hijo, siendo en el año 85 cuando mi mujer, mi hijo pequeño y yo nos incorporamos a la nómina de hermanos, haciéndolo este último también como nazareno, mientras que mi mujer y yo seguíamos de tras del paso y pendiente de ellos, principalmente ella, todos sabemos como son las madres

 

 

 

 

 

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Juan Verdugo, hermano del Amor

 

En el año 86 me decido a vestir por primera vez el bendito hábito del Amor, ¡bendito día!, pues desde entonces han sido muchas las cosas que cambiaron en mi vida, sobre todo en lo espiritual, porque empecé a ver a Cristo como no lo había visto hasta entonces, además de en lo sentimental, ya que en la hermandad he encontrado muchos y grandes amigos en especial entre mis hermanos de la Junta de Gobierno, desde la que intento servir a Cristo y a mi hermandad. Y nada de monotonía, año tras año algo nuevo, nuevas sensaciones, nuevas emociones así han ido pasando los años siempre nuevas vivencias, unos por que tus hijos deciden ser costaleros, otro por que se estrena paso de Misterio, otro por que otro de tus hijos ocupa tu lugar en el Cortejo, otro por que paso a formar parte de la Junta de Gobierno, otro por que recuperamos el acompañamiento musical, etc., etc..
Pero si grandes y emocionantes fueron las experiencias anteriormente narradas, mayores aún si cabe fueron las que comencé a vivir, a raíz de una conversación informal, que tuve con otros miembros de la Junta, sobre la idoneidad de que Nuestro Padre Jesús Cautivo, al que dicho sea de paso proceso una especial devoción, pasara a formara parte del Cortejo de nuestra Cofradía. A partir de ese día, charlas y más charlas, reuniones de la Junta, visitas a tallistas y ebanistas solicitando proyectos y presupuestos, celebración de un Cabildo extraordinario, en el que se aprueba la salida del Señor Cautivo y el proyecto del paso, visitas para ver como va el paso, traslado y montaje de este, primera subida del Señor a su paso, montaje de las flores, y así hasta llegar a su salida procesional
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El Martes Santo de 2004, ha sido el día más grande que yo he vivido en mi hermandad. Desde las primeras horas del día todo fue especial, la oración a mis titulares, la Santa Misa en el convento de Santa Rita. Pero al llegar la tarde y volver a la Capilla, después de una breve pausa para la comida, todo pasó de especial a extraordinario. Las oraciones al Cristo del Amor y la Señora de los Remedios fueron mas intensa que nunca, pero con mi Señor Cautivo, la oración casi se convirtió en un dialogo, en el que sin que el me pidiera cuentas de nada, yo se las daba de todo y le agradecía que me hubiese permitido poder llegar a verlo salir a las calles de Jerez. Según avanzaba la tarde aumentaban los nervios, así asta que ya todo preparado y organizado llegan las siete de la tarde. La cuadrilla del Cautivo esta preparada y lista para pasar bajo el paso, el capataz da las últimas instrucciones, yo con mi túnica puesta me dirijo a Javi, costalero del Cautivo que le toca sacar el paso, y que va en la primera vara de fijador, justo al lado de mi hijo Jorge, el pequeño, que va de patero derecho, y le pido el favor de que me ceda la molía y el sitio, para de esta forma poder participar en la primera chicotá, que de manera oficial se le daba a Nuestro Padre Jesús Cautivo. Privilegio que gustosamente me cede y por lo que siempre le estaré agradecido.
El capataz da la orden de pasar bajo el paso, me pongo la molía y me meto de bajo, suena el llamador, nos pegamos a la trabajadera siento el calor de mi hijo, su hombro esta junto al mío para llevar a Jesús, la emoción me embarga, de nuevo el llamador y la voz de mi amigo Juan que dice ¡al cielo con el!¡a esta es!. Jesús esta sobre mis hombros y empieza su camino asía las calles de mi Jerez. Noto como mi hijo empuja para arriba, con la intención de yo cargue lo menos posible, el paso ya esta en la puerta, veo el gentío por el respiradero, la emoción hace que casi me falte la respiración, tengo la boca seca, no puedo articular palabra, se me saltan las lagrimas, la emoción que siento es indescriptible, mi hijo me mira y piensa que ya he cumplido lo prometido y mi sueño más deseado y que teme por mi salud, le dice repetidas veces al capataz, ¡Juan baja el paso! ¡baja el paso!, y suena el llamador, arriamos el paso justo en el escalón de la puerta, salgo de abajo, entro a la Capilla rápidamente procurando ser visto lo menos posible, me pongo el antifaz y cojo el palermo de Fiscal de Paso, salgo a la calle miro al Cautivo le doy las gracias y le dijo al capataz mientras este me estrecha la mano, Juan vamos que Jerez lo esta esperando.
Después de estas, y otras muchas inenarrables experiencias, quien me puede decir a mi que nuestra Semana Santa, no es una viva y rica forma de expresar nuestra religiosidad, nuestros sentimientos y nuestra cultura, y por tanto, algo por lo que estoy convencido, debemos luchar todos los cofrades día tras día, sin que caigamos en el desanimo por mucho que nos critiquen.

Cautivo, me cautivaste.
Amor, tú me enamoraste.
Remedios, que decirte a ti madre mía,
¿Qué eres guapa pá chillarte?, ¿Qué te quiero pá morirme?.
Que decirte a ti Remedios.
pa ti no tengo palabras.
A ti, a ti no se que decirte
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Juan Verdugo, hermano del Amor